El cáncer de piel no melanoma es el más frecuente y provoca 65.000 muertes al año

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El sol sin protección puede dar lugar a la aparición de manchas, a una aceleración del envejecimiento y a, largo plazo, al cáncer de piel no melanoma.

La piel es el órgano más grande del cuerpo y su principal función es proteger al organismo de factores externos. Tras el confinamiento podemos ser más vulnerables a los rayos ultravioleta debido a no haber experimentado la exposición progresiva normal propia del cambio de estación Si habitualmente debemos proteger la piel del sol, este verano los atracones solares pueden ser más dañinos debido a la poca exposición solar recibida durante el confinamiento.

Este cáncer es el más frecuente, representando hasta el 80% de todos los tipos de cáncer de piel. Se diagnostican cada año más de 17.000 nuevos casos en España y en todo el mundo la cifra de diagnósticos aumenta entre un 3 y un 7% anual. Prevenir la exposición solar y un diagnóstico precoz es clave para luchar contra esta enfermedad que provoca hasta 65.000 muertes al año a nivel mundial.

cáncer de piel no melanoma

“El cáncer cutáneo no melanoma es el cáncer de piel más frecuente en el mundo, pero con un diagnóstico precoz se puede mejorar el pronóstico de la enfermedad. Igual de importante que desarrollar medicamentos innovadores para tratarlo, es poner todos nuestros esfuerzos en sensibilizar y concienciar a la sociedad para prevenirlo. Este año se da la circunstancia, además, que empezamos un confinamiento en invierno y saldremos completamente de él (del todo) en pleno verano. Una exposición solar prolongada en el tiempo sin medidas protectoras puede tener graves consecuencias en nuestra piel”, comenta Salvador García, director médico de Sanofi Genzyme.

Para prevenir este tipo de tumores se recomienda utilizar protección solar lo más alta posible de forma habitual, repitiendo la aplicación a menudo. Asimismo, se debe evitar tomar el sol en las horas de máxima radiación, es decir entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde. También es aconsejable el uso de gorras, camisetas y otras prendas protectoras que impidan que los rayos de sol incidan directamente en la piel.

Actividades al aire libre

Los planes al aire libre son saludables, siempre y cuando, protejamos la piel. Los amantes de actividades en el exterior como el surf, la bicicleta o el running deben protegerse cuando practican estos deportes. Lo mismo ocurre con las familias que hacen planes al aire libre, tales como barbacoas, rutas de senderismo o excursiones.

“La radiación ultravioleta constituye el agente ambiental más importante en el desarrollo del cáncer de piel. Por ello, si vamos a estar expuestos al sol, independientemente de la edad, debemos aplicar regularmente un fotoprotector, con un factor de protección solar alto y que proteja también en el espectro UVA; y debemos reaplicarlo cada dos o tres horas. Por supuesto tenemos que evitar exponernos en las horas centrales del día. No hay que olvidar que la piel tiene memoria y el sol que tomemos se irá acumulando con los años. De alguna manera, nuestra piel recordará en el futuro cómo la hemos tratado a lo largo de la vida” afirma el Dr. Cañueto.

‘El cáncer de piel trabaja a pleno sol’

Por segundo año consecutivo, se ha puesto en marcha la campaña ‘El cáncer de piel trabaja a pleno sol’, una acción dirigida a sensibilizar a la sociedad sobre los efectos dañinos de la exposición continuada al sol y, más especialmente, acerca de la relación entre determinadas ocupaciones laborales y el desarrollo del cáncer de piel no melanoma.

Los profesionales que pasan al menos el 75% de sus horas de trabajo bajo el sol tienen un riesgo especialmente elevado de desarrollar cáncer de piel no melanoma, por ejemplo, pescadores, agricultores u obreros. Pues entre los factores de riesgo están una exposición continua al sol, ser hombres (3 veces más probabilidades que las mujeres), mayores de 65 años y tener una piel clara.

La probabilidad de sufrir cáncer de piel no melanoma es el doble después de cinco o más años trabajando bajo el sol.

Un diagnóstico precoz también es importante, por ello, es aconsejable visitar al dermatólogo una vez al año para revisar las manchas de la piel. También es recomendable hacerlo si detectamos algún síntoma, los más comunes son: el crecimiento de lunares similares a una verruga, heridas abiertas que persisten durante semanas o manchas rojizas escamosas con bordes irregulares que, incluso, pueden llegar a sangrar fácilmente.

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