La dermatitis atópica afecta al estado emocional y psicológico

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Los niños con dermatitis atópica ven alterado su estado emocional, social y psicológico, al igual que sus familias, como consecuencia de los síntomas que provoca, entre ellos el picor que causa irritabilidad. Así lo advierte la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) con motivo de la Semana Mundial de la Alergia que se celebra del 22 al 28 de abril y que tiene como foco este año la dermatitis atópica bajo el lema El picor que irrita. Los pediatras alergólogos recuerdan que tan importantes son los cuidados en la piel de estos niños, como los de la autoestima y el sueño, para que su calidad de vida no se vea tan afectada.

Un estudio reciente publicado en Annals of Allergy, Asthma & Immunology confirma los efectos negativos de la dermatitis atópica en la calidad de vida de los niños y sus familias con la aparición de trastornos del comportamiento, emocionales y del sueño. “El picor o prurito es el síntoma más común y a la vez el más molesto. Puede provocar insomnio e irritabilidad que pueden desembocar en ansiedad, baja autoestima o incluso aislamiento social y bullying”, advierte la doctora María Teresa Guerra, coordinadora del Grupo de Trabajo de Dermatitis Atópica y Alergia Cutánea de SEICAP. De hecho, los niños con lesiones importantes en zonas visibles “suelen ser discriminados por sus compañeros y ser juzgados de forma negativa, son objeto de burlas e intimidaciones, lo que les hace más infelices y aislados y les puede conducir a la depresión o al abandono escolar”, indica.

La dermatitis atópica es la enfermedad crónica más frecuente de la piel que afecta al 10% de los niños en algún momento de su vida y se diagnostica en el primer año de edad en al menos el 50% de los casos, según datos de SEICAP. La World Allergy Organization afirma que afecta a entre el 5 y el 30% de la población pediátrica. “Es un proceso inflamatorio que se caracteriza por intenso picor o prurito y sequedad de la piel que se presenta como eccema y cursa en brotes”, explica la doctora Guerra. Las lesiones aparecen en zonas diferentes en función de la edad del niño. Si son lactantes suelen estar más presentes en la cara, mejillas y en las partes externas de las extremidades. Los niños más mayores las tendrán en los pliegues de codos, rodillas, cuello, pies y manos, mientras que los adolescentes en todas ellas.

El picor suele ser más manifiesto durante la noche “lo que puede ocasionar dificultades para dormir hasta en un 60% de los casos. Esta deficiencia de sueño provoca cambios de humor, irritabilidad y deterioro de la vida social del niño, tanto en la escuela como en otras actividades”, señala la doctora Guerra. Además, pueden desarrollar problemas de autoestima puesto que les afecta a la hora de vestir, en el tipo de deporte que pueden realizar, en estancias con amigos, en el tipo de vacaciones o en la posibilidad de tener mascotas. “Existen estudios en lactantes que comprueban que estos niños pueden ser más temerosos”, subraya. Además, un estudio publicado este mes en Allergology International comprueba la asociación entre el eccema en los escolares y la presencia de síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad y falta de atención.

Por otro lado, las familias de los niños con dermatitis atópica también se ven afectadas. “La exigencia del cuidado diario y con tratamientos difíciles de aceptar, los corticoides, limitan la vida familiar y pueden llegar a provocar sentimientos de desesperación, culpa o ira en los padres, incluso depresión”, apunta la doctora Guerra. Por otro lado, el alto coste de las cremas y tratamientos “puede tener un impacto negativo en aquellas con menos recursos y conducir a su abandono”, añade. Por eso, sugiere, “lo importante es ofrecer información clara y simple sobre el tratamiento, que debe ser personalizado, y a ser posible por escrito. De esta manera contribuiremos a no generar ansiedad en los padres”.

Cuidados en la dermatitis atópica

El tratamiento de la dermatitis atópica deberá ir encaminado a “proteger la barrera de la piel para impedir que entren agentes externos desencadenantes como el frío, el sudor, el cloro, salitre, o alérgenos”, apunta la doctora Guerra. Por otro lado, no se deben dar jabones agresivos, sino con pH neutro e hidratar la piel diariamente con sustancias emolientes. “Los baños deberán ser con agua tibia, no superior a 25º. Mientras que la ropa deberá ser de algodón, evitando la lana o telas acrílicas”, apunta la doctora Guerra. También será necesario evitar el estrés y mantener la casa limpia de polvo, y otros alérgenos como pólenes o mascotas en el caso de etiología alérgica. El tratamiento farmacológico deberá administrarse en las fases de brotes con corticoides de baja potencia inicialmente, y se pasara a tratamientos más potentes, que en ocasiones pueden precisar estudios y derivación al especialista.

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